La china Luckin Coffee, que pretendía rivalizar con Starbucks, infló sus ventas con operaciones ficticias a través de empresas filiales.
El pasado abril salió a la luz que Luckin había llevado a cabo masivas transacciones falsas durante los tres últimos trimestres de 2019. Entidades afiliadas realizaban online enormes pedidos de café que nunca eran entregados, una maniobra que permitió inflar el volumen de ventas y transacciones totales y ampliar los márgenes de beneficios. El montante defraudado ascendía a 2.120 millones de yuanes (266 millones de euros), es decir: el 40% de las ventas del año pasado no habían existido.
Luckin recibió el primer aviso de Wall Street en mayo. Nasdaq planeaba retirar a la compañía por “cuestiones de interés público” a consecuencia del escándalo, así como “fallos a la hora de hacer pública información” relativa a sus números. Pese a todo, la empresa reaccionó anunciando que recurriría la decisión. El segundo y último aviso llegó el 23 de junio, después de que faltara a su compromiso de hacer llegar el informe anual obligatorio. Sus acciones cayeron ese día un 19% hasta los 2,7 dólares (2,4 euros) por unidad; un acusado desplome en comparación con los 17 dólares (15,08 euros) con los que debutó aquel halagüeño 17 de mayo de 2019 y más lejos aún de su cotización máxima, los 50,02 dólares (44,37 euros) del pasado 17 de enero.
A los tres días, por fin, Luckin se rindió. Por medio de un comunicado, la empresa anunció que retiraba su recurso. Desde el 30 de junio, día en el que se hizo efectiva la expulsión, su apartado en la página web del índice bursátil está en blanco. Este caso ha puesto de manifiesto grietas en la coordinación en materia de control financiero entre China y EE UU, y ha provocado una reacción de reguladores y representantes políticos contra la opacidad de empresas chinas que cotizan en bolsas norteamericanas. “El error básico de Luckin fue que escalaron a lo grande antes de tener un producto asentado en el mercado”, concluye Towson.

